Una mujer argelina de 34 años, madre de dos hijos (14 y 10 años), con empleo a jornada completa y un salario de 1.067 euros mensuales, está pangado 600 euros al mes más gastos, dentro de un piso compartido con nueve personas.
Según confiesa, han de conformarse con una habitación en un piso compartido con nueve personas más. La vivienda presenta humedades y falta de higiene. La convivencia resulta problemática especialmente para su hija, al no disponer más que de un baño.
Está ocurriendo en Huesca, una ciudad con unas 6.000 viviendas vacías en las que se compran, a tocateja, pisos valorados en 400.000 euros, aunque en todo el país miles de personas viven hacinadas, lo que provoca afecciones físicas y psicológicas, por no hablar de su empobrecimiento, a las que han colgado, además, el estigma de no tener suficiente iniciativa o haberse acostumbrado a vivir de las «paguitas».
El grupo «Ninguna gente sin casa» de Huesca tratamos de llamar la atención sobre la crisis habitacional que vive la ciudad y las consecuencias para la ciudadanía, además de acompañar a personas en situación de exclusión residencial.
Reclamamos un pacto de Estado y un marco regulatorio que permita ofrecer viviendas dignas y asequibles, lo que incluye medidas fiscales justas y garantías para que las viviendas protegidas lo sean para siempre, pero también regular el alquiler turístico.
Sin espacios de diálogo para afrontar las causas de la situación, que no están precisamente en la ocupación, y plantear propuestas factibles cada vez más sectores de la población verán conculcado su derecho a techo.
Discernimiento
«La Iglesia defiende abierta y vigorosamente los derechos de la familia» entre los que incluye «el derecho a una vivienda adecuada, para una vida familiar digna» (Familiaris consortio, 46).
«Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas» (Centesimus annus, 349).
«El derecho a la propiedad privada solo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados» (Fratelli tutti, 120).
Actúa y transforma
¿Qué consecuencias sociales, políticas y económicas tiene entender la vivienda como un bien necesario y no simplemente un activo económico?
¿Qué lugar debería ocupar hoy el derecho a la vivienda en la misión evangelizadora de la Iglesia?
¿Cómo nos podemos implicar y acompañar esta realidad?
Llévatelo y comparte
Esta oración también la tienes en documento pdf e imagen jpg para que la puedas descargar, imprimir, compartir…


Militante de la HOAC de Huesca
