Cumplir 80 años de historia no es sumar números de resistencia contra el tiempo, en esta organización es sumar historias, que tienen nombres concretos.
Cada militante sabemos que son nombres propios que, con sus historias, han ayudado a forjar las nuestras. Nombres llenos de generosidad y entrega, de sacrificio, de humildad y pobreza, militantes que son, digo bien son, porque muchas y muchos están presentes y otras y otros que siguen siendo esa «nube de testigos» que recordamos con orgullo y son luz y sal para esta tierra tan necesitada de referentes.
Quería comenzar con una historia, pero se me acumulan porque la HOAC está llena de hombres y mujeres que dijeron sí al seguimiento de Jesús, dijeron sí a la clase obrera, dijeron sí a un movimiento que quería ser presencia de la Iglesia en ese mundo y, de una forma encarnada y en la Iglesia, gritar, proclamar que el mundo obrero necesita la propuesta de Jesús como propuesta liberadora y que los obreros eran los mejores evangelizadores de los obreros.
Poco a poco y con no pocos «accidentes» por estar en las periferias, en esas pobrezas, en esas luchas, muchas veces poco entendidas en los espacios «biempensantes», ahí hemos estado diciendo con nuestra práctica militante que Dios está en el barro, que le importa el barro, que Jesús era obrero y en este lugar hay reino del Abba. Y ahí se nos va reconociendo. No ha sido fácil, veníamos con una marca profunda que hablaba de una Iglesia pegada al poder, al dinero y al sistema… hemos aportado formación, compromiso, constancia, resiliencia, y un profundo amor a la clase obrera y a la Iglesia, pero sobre todo hemos aportado un testimonio donde fe y vida, mística y acción están unidas. Y hemos sido capaces de correr la suerte de tantos obreros y obreras comprometidos.
Y ¿hoy? y hoy seguimos aquí, luchando como nos pide el papa León por «la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera, con la consiguiente atención a las personas y a las familias más expuestas a la explotación, y el vínculo indisoluble entre el anuncio evangélico y la búsqueda de un orden social más justo» (Magnifica humanitas, 30). Seguimos en el «gran tema» como diría el papa Francisco.
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Consiliario de la HOAC de Canarias
