A su correo electrónico ha llegado una petición de su diócesis: orar en familia por la visita del papa. Ellos, una pareja militante de la HOAC, han pedido al Señor que esta visita tenga presente la realidad del mundo obrero y del trabajo.
Son tiempos difíciles para muchas familias obreras que no llegan a fin de mes. Sus vidas, como su trabajo, han entrado en una rueda de precariedad y exclusión que no para de girar. Para colmo de males, el precio de la vivienda se ha convertido en una fuerza centrífuga que expulsa a muchos hogares de una vida digna e integrada socialmente. A ellas hay que sumar las familias migrantes y, de manera especial, las que están «sin papeles».
En su oración piden a Dios que el Papa los tenga presentes en sus palabras y en sus gestos. ¡Cuánta falta hace una voz profética en tiempos de propuestas sin alma! Son ellas, las personas empobrecidas y descartadas, los mayores tesoros que tiene la Iglesia («Dilexi te», 38). Piden con fuerza que llegue a las periferias. Y dan gracias a Dios por la decisión del Papa de visitar Gran Canarias y Tenerife, islas que gritan desgarradamente a Europa ante tanta vida truncada buscando futuro.
Ellos siguen rezando para que la visita mueva nuestros corazones y nos lleve a un compromiso con las personas heridas y maltratadas. Siguen rezando para que esta visita sea un testimonio de una Iglesia pobre y para los pobres.
Ora et labora
¡Cuánto ruido y ajetreo! Siéntate y únete a la oración por la visita del Papa. El Señor nos escucha. La oración tiene un gran poder transformador. El Papa y la Iglesia necesitan de ella.
Únete a esta pareja de militantes para pedir a Dios que la visita de León XIV nos conmueva ante las víctimas de este capitalismo autoritario que se nos va colando, sin trabas ni barreras por las fronteras y que va calando nuestros corazones y resquebrajando nuestra humanidad. Aquí sí que hay que reclamar prioridad. Prioridad de las personas sobre el capital.
La voz del Papa y de toda la Iglesia tiene que seguir prendiendo fuego entre tanta indiferencia, tiene que acallar todo discurso racista y xenófobo, todo alegato que culpabiliza a las personas empobrecidas, toda práctica que indecentemente precariza el trabajo y la vida de los seres humanos. Una voz profética que tiene que ir acompañada de gestos que hagan presente el reino de Dios y su justicia. ¡Qué importante es que esta visita y todos los eventos que conlleva sean reflejo de una Iglesia al servicio de las personas más pobres! Pero, recuerda, como nos dice el antiguo aforismo, «cuando Dios trabaja el hombre suda».
Todo esto que pedimos a Dios con la vista del Papa es tarea nuestra en el día a día. Ya tenemos faena, no pongas excusas.
Llévatelo y comparte
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Colaboradora del ¡Tú!
