Sagrada Familia y precariedad

Ellos conocen la precariedad en carne propia. Hace ya más de quince años que salieron de su país. Allí dejaron a su familia, a miles de kilómetros, y se enfrentaron como pareja a unas duras y difíciles condiciones de vida y trabajo. Sin papeles, sin empleo estable, sin ingresos seguros, sin vivienda… Un salto al vacío.

La solidaridad de otros ha sido su gran apoyo. Dios actúa a través de las manos humanas. En la actualidad viven en una casa grande, en el campo, que les han prestado. Ahora ellos, en su vulnerabilidad, también comparten su vivienda con otra familia: un matrimonio y sus dos hijos de nueve y dos años.

Parece que la precariedad no tiene fondo, pero también nos muestra que se puede afrontar haciéndonos cargo de las personas que la sufren. En su oración, dan gracias a Dios porque les ha hecho descubrir que se sienten seguros cuando ponen en común con otros lo poco que tienen. No solo comparten vivienda, también han decidido repartir los trabajos informales que les van saliendo. Las dos familias antes no se conocían, proceden de países distintos, pero están aprendiendo que el prójimo es el que te necesita y que las relaciones familiares se ensanchan si ponemos el amor y el cuidado en el centro de tu vida. Ellos, sin saberlo, en su precariedad, son imagen de la Sagrada Familia.

Ora et labora

Haz un alto en el camino. Guarda silencio. Contempla tu familia y tu vida. Piensa dónde pones tú tu seguridad vital. ¿Es en acumular dinero y propiedades o en compartir con otras personas? Lee de nuevo el testimonio de estas familias. Ellas viven una gran precariedad, pero su apoyo mutuo, su solidaridad, su experiencia de comunión… las hace sentir más seguras y afrontar juntas su vulnerabilidad. Son testimonio de comunión. ¿Cómo vives tú? ¿Y tu familia? ¿Estáis encerrados en vosotros mismos, sois autorreferenciales o sois una familia –Iglesia doméstica– en salida? Dios nos llama a luchar por la justicia, a denunciar y transformar las estructuras que descartan personas, a reivindicar que los bienes estén al servicio de los que más los necesitan… Pero no olvides que Dios también nos reclama que nosotros seamos justos, que seamos familias acogedoras, que acompañemos desde la cercanía a otras, que nuestras propiedades y bienes estén al servicio de las personas más empobrecidas… Una familia reflejo de la Sagrada Familia de Nazaret es aquella que por amor ya vive la radicalidad del Evangelio y da en nuestra historia pinceladas del reino de Dios. Una familia que, sin ruido y desde lo sencillo, construye fraternidad. Un antídoto contra la precariedad. 

Llévatelo y comparte

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