Todo el capítulo 5º de la encíclica Laudato si’ del papa Francisco está dedicado a la ecología integral describiendo pormenorizadamente sus notas: ambiental, económica, social, cultural, cotidiana…Pero he aquí que, en uno de sus aportados, habla también de los barrios que el Papa llama precarios.
Ya en capítulos anteriores hace alusión a Lucas 12, 6, donde Jesús nos invita a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas sus criaturas y recuerda, con una conmovedora ternura, cómo cada una de ellas es importante a sus ojos: «¿No se venden cien pajarillos por dos monedas? Pues bien, ninguno de ellos está olvidado ante Dios. Mirad las aves del cielo, que no siembran ni cosechan, y no tienen graneros. Pero el Padre celestial las alimenta (Mt 6, 26)» (LS 96).
Continuando con la relación ecología integral y «barrios ignorados», hago referencia a dos aspectos concretos que estamos viviendo estos mismos días.
El valor de la gente. Para los habitantes de barrios precarios, el amor tiene una fuerza impresionante. En las peores circunstancias «son capaces de tejer lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo» (LS 149). Así es.
El problema del transporte. Precisamente en el barrio, estamos sufriendo que el autobús urbano ha dejado de pasar por algunas de nuestras calles. Esta medida está dejando al margen de la ciudad a una parte considerable de vecinos (LS 153). Increíble, pero cierto.
Ciertamente, la ecología integral se hace presente al contemplar la belleza de la creación y el encuentro comunitario de esos barrios que tejen lazos de convivencia y, por el contrario, se rompe cuando un ayuntamiento permite el aislamiento de una parte del barrio del resto de la ciudad.
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Consiliario de la HOAC de Andalucía
Colaborador del ¡Tú!
