En su reunión de equipo de HOAC pidió por todas las familias a las que Stop Desahucios ayuda. Ella también está comprometida en esta organización.
Recordó aquel vecino, un trabajador de baja por enfermedad, al que el propietario, un fondo buitre, le subió el alquiler para desahuciarlo y convertir su vivienda en un piso turístico. Había que hacer caja.
Un grupo de personas se desplazaron cientos de kilómetros para manifestarse ante la sede de este fondo, querían forzar una negociación.
Se llena de rebeldía al recordar que la especulación está más protegida que la dignidad de las personas.
También recordó a aquella madre y sus tres hijas que sin tener dónde vivir habían ocupado una vivienda vacía, una de las muchas de un bloque propiedad de un banco. Les llegó la orden de desahucio. Y como una piña presionaron y pudieron negociar el aplazamiento del desalojo. Ahora, todas las familias afectadas del bloque están intentado pagar un alquiler social y seguir teniendo un lugar donde vivir.
Ella pone ante Dios estas experiencias, algunas con éxitos, otras con fracasos… pero siempre al lado de las víctimas.
Luchar por la «T» de techo es frenar la precariedad vital en la que esta economía sin alma abandona a tantas familias obreras. Ella en su oración siente cómo la vivienda es un derecho sagrado.
Ora et labora
Siéntate un momento en silencio. Lee este texto. Una militante hoacista junto a otras personas se organizan para no desvincularse de las familias obreras que viven la precariedad. Su lucha como movimiento popular en defensa del derecho a la vivienda es un acto de justicia y de amor político. El compromiso por las tres T (techo, tierra y trabajo) son camino de reconocimiento de la dignidad humana y de freno a la precariedad y la exclusión. El papa León XIV, en su discurso a los participantes del último encuentro de movimientos populares, decía: «En la exhortación apostólica Dilexi te quise recordar que “diversos movimientos populares, compuestos por laicos y guiados por líderes populares, […] han sido a menudo mirados con recelo e incluso perseguidos”. Sin embargo, sus luchas bajo la bandera de la tierra, la vivienda y el trabajo por un mundo mejor merecen ser alentadas. (…) Hoy, debemos acompañar a los movimientos populares. Esto significa acompañar a la humanidad, caminar juntos en el respeto compartido de la dignidad humana y en el deseo común de justicia, amor y paz. La Iglesia apoya sus luchas justas por la tierra, la vivienda y el trabajo…». Y tú ¿cómo luchas para que la vivienda no sea un bien de mercado atravesado por la especulación y sí un derecho fundamental? Y es que hoy tenemos el reto de comprometernos, como reza el lema de la campaña de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), en «Defender nuestro derecho: todas bajo un techo».
Llévatelo y comparte
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Colaboradora del ¡Tú!
