La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) teje comunidad frente a la precariedad. Bajo el lema «Cuidar el trabajo, cuidar la vida», convoca una jornada centrada en la participación activa y la inclusión de los colectivos más precarizados.
El día de la HOAC es principalmente una jornada de encuentro y movilización comunitaria que busca fortalecer los lazos entre el mundo obrero y la Iglesia. La celebración busca consolidarse como un espacio de «salida» al encuentro de aquellos con los que compartimos encuentros, trabajo o espacios comunes y un espacio de «fraternidad» frente a la deshumanización laboral.
La celebración, que combinará momentos de reflexión y celebración festiva, pone el foco en la necesidad de generar una nueva narrativa común que devuelva el protagonismo a las personas empobrecidas.
Frente a la digitalización de las relaciones, en la HOAC apostamos por la presencia física y el diálogo directo. La proximidad real es la única vía para tejer vínculos capaces de generar comunidad.
«No nos quedamos esperando; salimos al encuentro para compartir la mesa», señala el documento de orientación, subrayando que el objetivo es construir «un pueblo vivo, dinámico y con futuro es el que está abierto permanentemente a nuevas síntesis incorporando al diferente» (Papa Francisco, Fratelli tutti, 160).
Y, para tejer vínculos, es necesario la escucha y el diálogo. Entablar conversación sin prejuicios, miedos o desconfianza y procurando que las otras personas participen, buscando puntos de encuentro, acogiendo la diversidad.
El verdadero sentido de este día es invitar a compartir lo que somos y hacemos, a acoger lo que otras personas y grupos son y hacen, reflexionando, disfrutando y celebrando juntas porque nadie puede faltar a ninguna de las mesas que preparemos. Una auténtica jornada de participación y fiesta.
Reflexión: Participar y transformar
La propuesta de la HOAC trasciende la mera organización de un evento para proponer un estilo de vida basado en la fraternidad. En un mundo progresivamente fragmentado y digitalizado, la reivindicación de la «presencia física» cobra una dimensión política y espiritual profunda.
La reflexión central nos indica que el ser humano solo alcanza su plenitud cuando pertenece a un pueblo, y que este pueblo solo es auténtico cuando respeta y dignifica el rostro de cada persona.
Centrarnos en la participación es trabajar por la inclusión y la liberación de las personas, por lo tanto, debemos asumir la responsabilidad de educar en y a la participación de las más empobrecidas del mundo obrero para que sean protagonistas de su vida personal y comunitaria, se unan y se organicen.
De esta forma contribuirán a provocar los cambios sociales que nos lleven a avanzar en humanidad, justicia y paz.
Al «abajarnos» para escuchar a quienes la sociedad descarta o invisibiliza, se rompe la dinámica del poder vertical y se apuesta por una construcción colectiva «desde abajo».
La verdadera democracia y la justicia social no se poseen como espacios estáticos, sino que se emprenden como procesos dinámicos de acompañamiento.
Finalmente, la alegría y la fiesta se presentan como una forma de resistencia. Celebrar la vida en medio de la precariedad laboral es afirmar que la economía debe estar al servicio de la persona y no al revés.
La «cultura del encuentro» se convierte así en una pasión por buscar puntos de contacto y tender puentes, proyectando una sociedad inclusiva donde nadie falte a la mesa, un proyecto que transforma el miedo en esperanza y la explotación en una comunidad de cuidados y justicia.
Referencias
Información en la página de la HOAC.
Participar para transformar. Una reflexión para organizar la esperanza en comunidad. Cuaderno HOAC nº 28
Cobertura en Noticias Obreras.
Llévatelo y comparte
Esta oración también la tienes en documento pdf e imagen jpg para que la puedas descargar, imprimir, compartir…


Presidenta general de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC)
