Poner a las personas pobres en el centro puede renovar profundamente tanto la Iglesia como la sociedad.
Acogiendo la herencia de Francisco, el papa León XIV nos regala en Dilexi te (Te he amado) una preciosa oportunidad de revisar nuestras vidas y la vida de nuestra Iglesia. Y, también, cómo es y cómo podría ser nuestra sociedad… si fuéramos capaces de poner de verdad en el centro las necesidades y derechos de las personas empobrecidas, para que ninguna persona esté excluida y todas podamos vivir dignamente.
Revisar, por ejemplo, cómo vivimos afirmaciones como estas que hace el papa León:
- El amor a los pobres es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios (n. 103). Conduce a lo esencial de nuestra fe, los pobres son la misma carne de Cristo (n. 110).
- El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. El mundo necesita hoy una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino solo hombres y mujeres a los que amar (n. 120).
- La solidaridad con los pobres es también luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los desastrosos efectos del imperio del dinero. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares (n. 81).
- Ya sea a través de su compromiso por cambiar las estructuras sociales injustas, o por medio de gestos sencillos de ayuda, muy cercanos y personales, será posible para aquel pobre sentir que las palabras de Jesús son para él: «Yo te he amado» (n. 121).
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Militante de la HOAC de Segorbe-Castellón
Autor de Trabajo humano, el reto pendiente. Por una cultura del cuidado en el mundo del trabajo (Ediciones HOAC, 2025)
